Una generación que aprende viendo videos en Tik Tok
Hoy podemos aprender una receta en menos de un minuto o escuchar una explicación sobre un tema complejo en cuestión de momentos. Podemos aprender idiomas, negocios o reglas gramaticales mientras esperamos el bus. Gracias a la accesibilidad de las redes sociales y al crecimiento de plataformas como Tik Tok, tenemos acceso al conocimiento de una manera más rápida y cotidiana que nunca.
Para millones de personas, las redes sociales ya no son únicamente espacios de entretenimiento. También se han convertido en lugares para descubrir información, resolver preguntas o acercarse por primera vez a temas que desconocían. La democratización de los contenidos ha hecho posible encontrar información sobre múltiples temas en cuestión de segundos.
De hecho, The New York Times ha señalado el crecimiento de TikTok como herramienta para buscar y descubrir información, especialmente entre las generaciones más jóvenes. Cada vez más personas recurren a videos cortos y verticales para encontrar respuestas rápidas a sus preguntas. Pero esto no significa que Tik Tok vaya a reemplazar a una universidad, ni que un video de sesenta segundos sea suficiente para dominar una disciplina.
Estas nuevas formas de acercarse al conocimiento revelan algo relevante para quienes trabajan en educación: las nuevas generaciones están desarrollando hábitos de aprendizaje en espacios que tradicionalmente no considerábamos educativos. Entender estos comportamientos puede ayudarnos a pensar y construir el futuro de la educación en línea.
Aprender ahora va más allá de un salón de clases
Por mucho tiempo, el aprendizaje se ha percibido como una actividad estructurada: un salón de clases, un horario, un docente impartiendo una lección, unos materiales y una intención clara: dedicar un tiempo específico al estudio.
Pero en el entorno digital que habitamos, esa estructura ha comenzado a cambiar. Hoy alguien puede encontrarse con un concepto que desconoce mientras navega por redes sociales, buscar una explicación, ver varios videos relacionados, leer los comentarios, contrastar lo encontrado con otras fuentes y guardar algún contenido para revisarlo después. Y, por la propia naturaleza de estas plataformas, más adelante puede recibir nueva información relacionada con aquello que despertó su interés.
Así, en cuestión de minutos, alguien que desconocía un tema y que nunca pensó conscientemente “voy a aprender sobre esto” puede terminar iniciando un pequeño proceso de aprendizaje. Algo ocurrió en el camino: se conectaron ideas y surgió una curiosidad que antes no existía.
Esta manera espontánea y fragmentada de aprender no reemplaza los procesos educativos tradicionales, pero sí muestra cómo están cambiando los hábitos de aprendizaje. La curiosidad ya no aparece solamente en las salas de estudio; puede surgir en cualquier momento y la primera respuesta suele estar al alcance de nuestras manos.
El reto para quienes lideran procesos educativos no es imitar este comportamiento ni convertir las aulas en estudios de Tik Tok que produzcan contenido vertical para enseñar algo. Es comprender estos nuevos hábitos y herramientas e integrarlos de manera estratégica a los procesos educativos.
Aprovechar el valor de una explicación de 60 segundos
¿Te has preguntado por qué funcionan tanto los contenidos en redes sociales? Uno de los factores que explica el éxito de estos videos es que reducen la barrera de entrada a temas que pueden parecer complejos o difíciles de entender.
Pensemos en cuántas personas decidirán leer un documento o un libro completo sobre astronomía o física en su tiempo libre. Sin embargo, muchas podrían dedicar 45 segundos a un video que explique, de forma didáctica y cercana, qué ocurre cerca de un agujero negro. Ese video difícilmente permitirá comprender toda la complejidad del tema, pero puede cumplir una función igual de valiosa: despertar una pregunta en alguien.
Esta diferencia es importante porque no todos los recursos tienen que cumplir la misma función. Algunos solo necesitan introducir un tema; otros ayudan a comprenderlo; otros permiten practicar, mientras que algunos están diseñados para profundizar, debatir o aplicar lo aprendido.
El verdadero aprendizaje aparece cuando esos momentos se conectan y forman un recorrido coherente: un estudiante se encuentra con una pregunta, busca respuestas y puede profundizar en ella a través de los diferentes recursos que tiene a su alcance.
La educación virtual no debería mantenerse al margen de estas nuevas tendencias. Por el contrario, debería explorar cómo aprovechar la diversidad de contenidos que hoy existe y dejar de entender el contenido digital únicamente como una versión en pantalla de lo que antes ocurría en un salón de clases.
Una explicación puede durar un minuto. Comprender realmente un concepto puede requerir media hora. Aprender a utilizarlo con criterio puede tomar semanas o incluso años.
Una experiencia educativa bien diseñada conecta esas distintas escalas de tiempo, en lugar de obligarlas a competir.
La educación virtual también es social
Un error común al pensar en la educación en línea es asumir que se trata de una experiencia solitaria: una persona sentada frente a una pantalla, consumiendo contenidos y prestando poca atención a lo que ocurre a su alrededor. Sin embargo, el comportamiento cotidiano en internet y las interacciones en redes sociales demuestran que lo digital también puede ser profundamente colectivo.
Basta con revisar los comentarios de un video que explica un tema para encontrar personas que discuten la explicación, plantean dudas, corrigen información, recomiendan fuentes para profundizar, responden a otros usuarios y, en algunos casos, construyen comunidades alrededor de intereses muy específicos.
Esa dimensión social también puede formar parte de los procesos educativos virtuales. Los foros, las actividades en grupo, los proyectos colaborativos, las sesiones sincrónicas y las comunidades profesionales permiten que el aprendizaje digital ocurra a través de conversaciones y no solamente mediante la explicación de contenidos.
Las plataformas pueden ser virtuales, pero la necesidad de contrastar ideas, recibir retroalimentación y aprender con otras personas sigue siendo profundamente humana.
El reto es pasar de consumir contenido a conversar con él
Las nuevas generaciones no solamente tienen acceso inmediato a millones de contenidos todo el día. También están utilizando herramientas que tienen la capacidad de responder preguntas, explicar un tema de distintas maneras, generar ejemplos o acompañar algunas tareas en cuestión de segundos, acelerando así los procesos de aprendizaje.
De esta manera, ya nos enfrentamos a un cambio importante frente a los recursos educativos tradicionales; por ejemplo, consultar un libro para profundizar en un tema le dará el mismo contenido a cualquier persona independientemente de quién lo consulte. Un video tiene la misma estructura fija sin importar quién lo reproduzca. Pero una herramienta de inteligencia artificial puede entregar una respuesta distinta dependiendo de la pregunta que formule cada estudiante.
La OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos), en Digital Education Outlook 2026, señala que la inteligencia artificial generativa es una herramienta que sirve para apoyar el aprendizaje solamente cuando existe un propósito pedagógico claro. Igual advierte que utilizarla solamente para resolver tareas, sin indagar o profundizar en la conversación, podrá resultar en mejorar el resultado inmediato sin producir necesariamente un aprendizaje significativo.
La diferencia vuelve a estar en el diseño de toda la experiencia. Una inteligencia artificial puede entregar una respuesta, pero es el sistema y el educador los que tienen que pensar qué hará el estudiante con ella.
No se trata de competir con Tik Tok
Existe una creencia actualmente de que las personas ya no necesitan de profesores, universidades o métodos tradicionales con la llegada de la IA o con los contenidos con los que se educa en redes sociales. Pero pensar de esa manera sería reducir la educación a la superficialidad del aprendizaje y probablemente la academia perdería el rumbo si intentara competir con las redes sociales únicamente por entretenimiento, velocidad o cantidad de estímulos.
El objetivo de los educadores y de los que construyen experiencias educativas es diferente, es construir un ecosistema que aproveche todas estas herramientas para garantizar procesos de aprendizaje integrales y profundos. Pero eso no impide que se pueda observar e integrar lo que las nuevas tendencias están revelando sobre nuestra relación con el conocimiento.
Gracias a esos cambios, ahora entendemos que los estudiantes valoran encontrar explicaciones rápidamente, que buscan distintos formatos para comprender una idea, que una pregunta puede surgir en cualquier momento y que muchas veces necesitamos una pequeña puerta de entrada antes de decidir profundizar.
El nuevo desafío para quienes trabajan en educación
Comprender estas transformaciones requiere profesionales que sean capaces de mirar la educación más allá del aula y de una plataforma específica.
Las nuevas formas de aprender nos invitan a pensar en pedagogías flexibles, investigación educativa, nuevos entornos de enseñanza, diversidad en los perfiles de los estudiantes y la capacidad de desarrollar estrategias que conecten experiencias presenciales y virtuales.
Precisamente hacia este tipo de retos está orientada nuestra Maestría en Educación Virtual, que piensa tanto en los profesionales vinculados directamente con la educación como en personas de otras áreas interesadas en aportar a este campo. El programa busca fortalecer el perfil investigativo y formar profesionales para innovar en procesos educativos, mejorar la enseñanza y liderar proyectos pedagógicos en escenarios presenciales y virtuales.
En este momento definitivo en el que las maneras de acceder al conocimiento cambian constantemente, educar también implica aprender a leer esos cambios. Porque quizás la gran pregunta no sea cómo conseguir que una generación deje de aprender viendo videos cortos.
La pregunta es cómo convertir esa curiosidad en algo más profundo que vaya más allá de un solo momento y que sea capaz de permanecer mucho después de que termine el scroll.
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